Reseña de Los Reyes de la Casa – (Título original “Les enfants sont rois”).

Reseña de Los Reyes de la Casa - (Título original “Les enfants sont rois”).

Septiembre 2026

Por Nathaly Carranza Arce

En la época actual, las redes sociales se han constituido como algo más que simple entretenimiento y dispositivos de conexión-comunicación. Resulta difícil negar que para muchas personas son un lugar para construir su identidad, basada especialmente en la mirada del otro.

Si los demás ven lo que me gusta, cómo me visto, qué actividades realizo, qué arte aprecio, cómo viajo por el mundo e incluso cuán saludable soy, etc., entonces mi identidad se ve afirmada. Ser visto a través de la pantalla es casi como un modo de sostener quién soy.

¿Somos lo que vivimos o lo que mostramos que vivimos? Si expongo toda mi cotidianidad, ¿no se llega acaso a “preparar” la vida para ser exhibida? En Los Reyes de la Casa, Delphine de Vigan lleva estas preguntas a un extremo real e inquietante: la sobre exposición infantil en redes sociales.

En el libro se desarrolla una historia familiar, con una mamá gallina que comienza a exponer su día a día a través de videos de YouTube, donde los protagonistas son sus hijos de 6 y 8 años. Cuando sobrepasan cierta cantidad de suscriptores, llegan los patrocinadores. Lo que comenzó como algo ingenuo se vuelve profesional y Mélanie empieza a replicar el modelo norteamericano de youtuber, como los unboxing de marcas conocidas.

Mélanie está segura de que está siendo la madre más moderna al permitir que sus hijos tengan estas experiencias, pero, por supuesto, también es una manera de volverse la estrella que siempre quiso ser. De repente aparece la fama colándose en la vida familiar: “¡Somos famosos! Tenemos un millón de seguidores”. Y como lectores, percibimos que los niños están sonriendo y hablando a las cámaras desde que despiertan hasta que se van a la cama.

Mientras leía esta novela, pensaba que quizá se ha normalizado a niveles extremos la exposición en redes sociales. Incluso me atrevería a decir que juzgar esta sobreexposición es incorrecto. Las personas pueden hacer lo que quieran con su vida y con el manejo de su privacidad (no tan privada), y suele ser mal visto cuestionarlo.

La época empuja a mostrarnos: ya no sólo vivimos experiencias, vivimos para registrar y compartir. Los demás deben ver que hoy cené en un lugar aesthetic o, como algunas personas que van al gimnasio dicen: “si no lo comparto no hay resultados”. El mensaje parece ser: “si no lo difundo en las redes, en realidad no pasó”. Nuestra vida está digitalizada.

Buscamos construir nuestra imagen, la imagen que queremos que la gente vea y crea de nosotros. Así nos construimos, a través de los espectadores. Lo que exhibo = lo que soy. Esto quiere decir que la vida cotidiana comienza a organizarse —a prepararse como quien pone la mesa para el almuerzo— alrededor del celular.

Leer Les enfants sont rois fue como leer las ideas de Byung Chul Han (2015) convertidas en novela. Tan solo al abrir las primeras páginas de En el enjambre, te encuentras con una frase reveladora: “Hoy, en cambio, reina una total falta de distancia, en la que la intimidad es expuesta públicamente y lo privado se hace público” (Han, 2015, p. 12).

¿No es acaso una descripción de lo que venimos hablando? No quiero generalizar que publicar una historia esté mal, pero hasta la conducta más cotidiana puede mezclarse con una dinámica distinta cuando la vida comienza a transmitirse a través de una pantalla de manera constante. La distancia con los demás empieza a difuminarse, y la distancia marca una línea de respeto. Sin esa línea, como lo plantea Han, damos paso al escándalo. Todo puede convertirse en chisme digital, contenido viral o escándalo, como sucede en TikTok.

Entonces podemos decir que no solo existen las personas que se exponen, también estamos quienes consumimos.

¿Por qué disfrutamos observar la intimidad de personas ajenas? ¿Qué es lo que satisfacemos al mirar, al escudriñar, como si fuéramos parte de esas vidas?

Quizás la pregunta más importante es: ¿Qué responsabilidad tenemos como espectadores? Delphine de Vigan deja muchas preguntas que ya no se tratan de una familia, sino de una época que ha sido tomada por la pantalla y el espectáculo que esta otorga.

¿Qué pasa si todo esto ocurre con niños? En los adultos esta exposición puede verse como una decisión personal, pero ¿los menores de edad? Los niños están en un proceso de descubrir quiénes son en el mundo, qué les gusta y qué les desagrada. No tienen la capacidad para comprender las consecuencias reales de ser expuestos a niveles digitales masivos frente a personas que ellos no conocen.

Los padres son los responsables de brindar seguridad a sus hijos hasta que estos tengan al menos 18 años y su nivel de desarrollo cognitivo, emocional, psicológico y social les permita tomar sus propias decisiones. Pero su identidad digital está ya en la masa de datos, sin que ellos hayan decidido quiénes son realmente.

¿Qué significa crecer frente a una cámara interminable? Cuando ves una cámara todo el día, al despertar, al comer, al entrar a la ducha, al prepararte para ir al colegio, ¿eres tú realmente o comienzas a actuar? ¿Qué sienten los niños cuando se desenvuelven sabiendo que hay personas ajenas a su entorno y su familia que los observan todo el tiempo?

Tener muchas preguntas me resulta inevitable; sin embargo, lo que queda claro para mí es que, después de leer Los Reyes de la Casa, es difícil volver a mirar la exposición infantil en redes con la misma inocencia que antes. Quizá el mayor aporte de esta novela es justamente ese: que nos obliga a ver, con cierta incomodidad, fenómenos de los cuales somos parte.

Quiero resaltar que no pretendo calificar las redes como buenas o malas. Tal vez basta con que podamos cuestionarnos si realmente todas nuestras experiencias necesitan ser visibles para sentirse reales.

Recuperar la privacidad no es ocultarse, es recordar que las experiencias no necesitan un espectador para sentirse reales, y que aquello que no compartimos no pierde valor, al contrario, se convierte en lo único auténticamente nuestro.

Referencias:

- Han, B. C (2015). En el enjambre. Herder Editorial.
Nathaly Carranza
Psicóloga Infantojuvenil